6.07.2009

Buika en Helsinki



Y yo pienso ir a verla.

5.12.2009

La amistad en una noche de verano

Si todo fuera aprendido como sintomático, si hubiéramos torcido la esquina buscando la exacta cuadratura al mar, entonces vernos fuerte desde lejos sería como la amistad aprendida. Nos fastidia las conversaciones sobre el eterno rival, la negación de ser cliente político, todo como consecuencia de la ciudadanía. Tratamos ser la melodía perfecta de un día de sol, pero se nos olvida la distancia que nos asemeja aislados. La solidad no es un símil a nuestro empeño por hablar sobre política. Somos sabios en nuestro café a solas, quejándonos de la falta de otra taza que acompañe al aroma. Los paseos en la rivera es la composición exacta hacia un día feliz. Nuestra amistad a base de elementos editoriales, tu lectura del prólogo y mi negocio con la biografía.


Así es como me empeño en ser un amigo que sabe lanzar dardos y fuma puros cuando está contento. Que conviene en lo inquisitivo del silencio, que sabe de mi triste corazón. Alguien que se asemeja a este perfil que escribo con la certeza de un mensaje directo a sus entrañas, aunque conozca la posibilidad de que no lo lea, provocando el baile tonto de mi taza de café a la hora en que los pájaros canta una melodía fugaz. Y se repite.

5.10.2009

Helsinki City Run 2009

21,097 km en 2 horas, 03 minutos y 13 segundos
¡Objetivo conseguido!

5.06.2009

When I said I love you, you looked accordingly skeptical

Tropezar, ser torpe a consecuencia de buscar la frecuencia adecuada, el olor del tiembre en estado de alarma. Ser tu y yo a pesar del beso a medianoche, buscarte entre las sabanas.

Salgo a la calle y vuelvo a lugares que casi tenía olvidados, escribo en una acera que ya no te quiero. Y miento: ¿Cuánto dolor cabe en una caja de cerilla cuando se quiere estropear el destino? Te espero sentado en una silla robé del bar de la esquina, como si de una butaca de cine se tratase, y me siento como si estuviera frente a una pantalla. Buscándote allí donde te perdí como si encontrar sea parte de mi genio. Unir los cabos esparcidos y echar un vistazo a la pared donde nos apoyamos para esa foto que rompiste. Para luego verte de espaldas, andando de cuclillas, entendiendo el silencio como un estado de emergencia. Me acerco y convoco al ruido. Quizás volver aquí sea más como recomponer recuerdos para luego dejarlos huir. Una forma de rehabilitación, de quererte a partir del ahora y no del pasado.


¿Sabes? Volví a ver a esa vecina tuya que se interponía calendarios a base de llamadas de auxilio. Me encantaba el color de su lapicero y la manera en la que manejaba el abecedario. Como si se tratase de un trampolín al vacío, llenaba el lienzo a base de días de la semana y colores que hacían la sinfonía perfecta de un día con olor a lluvia. Mi encuentro con ella es como un paisaje a la carne trémula con sus dificultades para llegar al cubo de basura. Amago levantarme para colaborar, pero la poesía de sus movimientos me mantiene en frío. Me quedo sentado y completo el espectáculo del rocío que cae.


Una vez en casa todo es sinónimo a encontrarme con una escena tan familiar que provoca temblor en mis pestañas. Verte en la cocina, mirando en la nevera, y no reconocerte a pesar de la ropa, del color de tus ojos e incluso el olor que ya me aprendí hace años. ¿Qué pasó con el encanto que me provocaba tu sonrisa? ¿Dónde está la fe que puse en nuestras almas? Desgastar mis horas en ubicarte en un pasado donde la llama se apagó es el mayor desprecio que hago a todo lo que ahora siento por ti. El problema es que aceptar la derrota sería como dejar mi tiza a tu anciana vecina para descubrir que, en su lienzo, miércoles no se escribe en blanco.

5.03.2009

Acción y efecto de desarraigar


Ni qué decir tiene que acariciar el bienestar desde otro punto de inicio supone, como mínimo, romper unos hilos y mantener el resto más bien sueltos. Buscarle lógica a cómo evolucionamos es como creer en que nuestro destino ya está escrito. Por esa falta de fe nos perdemos, dejamos de creer en la felicidad como una lista de logros a conseguir y nos fundimos en des-dichas, inventadas o incluso elegidas, pero que al fin y al cabo, duelen como las que más.


Sobreponernos a nuestros propios miedos, poner fechas límites que nunca llegan; es la mejor forma de permanecer en la distancia. Engañarnos mientras nos alejamos de lo que nos unía a otras realidades, más allá en el sur, sentir que aquí nunca funcionaremos si no encontramos a gente que dejamos atrás. Cuántas veces habremos dicho que nos falta una u otra persona. Pero lo aceptamos: andamos en mundos distintos, aunque vayamos queriéndonos por ahí, separados.


Y así nos cuenta Javier Marías en Fiebre y Lanza: ”Es escandaloso cómo suplimos a las figuras perdidas de nuestra vida, cómo nos esforzamos por cubrir las vacantes, cómo nunca nos resignamos a que se reduzca el elenco sin el cual no soportamos mal y apenas nos sostenemos, y cómo a la vez nos prestamos a todos a ocupar vicariamente los lugares vacíos que se nos va asignando, porque comprendemos y participamos de ese mecanismo o movimiento sustitutorio universal continuo, que al ser de todos es el nuestro, y así aceptamos ser remedios, y vivir cada vez más rodeados de ellos.”


Aceptamos las reglas de juego, intentamos ocupar los lugares que otros nos asignas pero al final de la carrera, cuando no te queda más opción que mirar atrás, te das cuentas que algunos huecos no fueron sustituidos, aun quedan vacíos. El dolor terrible de sentir cómo las confidencias que antes depositabas allí siguen dentro tuyo es brutal, y el mundo te parece especialmente humillante cuando entiendes que has perdido en tu estrategia de juego, que anteponer las piedras más grandes de tu vida han provocado vacíos imposible de rellenar con arena blanca. Por eso, hoy soy el primero en pedirme disculpa. Por el miedo al desagüe.

4.26.2009

¿Será la primavera?

Besar con insistencia -la pasión del intermedio- el sudor como parte de lo sexual, moderder los labios, también los del otro, volver a la carga. El deseo, las ganas, el sabor reconocible, el olor de lo nuevo. El saberse atrapado, continuar con la broma, finalizar exhaustos.

Aunque te dio ganas de vestirte y salir corriendo, seguiste en ello, dejándole sin respiro. Cambiasteis de posición y galopasteis hasta la cama. Te besó fuerte, aun más fuerte, enrojeciendote la piel. Y ahora piensas en el resultabo de tanta brutalidad, que no evitó que siguierais. Dejarse llevar por el desenfreno que permite evitar los tabúes después de medianoche, cuando es muy tarde para volver a casa, cuando apenas quedan otras salidas. Abrir el libro que ahora lee no fue la mejor excusa para ocultar las ganas, se sabe desde lejos, no necesita de guiños. Apenas la certeza de un buen rioja y después de la segunda botella, ya estaba todo perdido.

Y ahora recoges tu ropa, cada prenda en una habitación distinta. Te sientes avergonzado pero, al mismo tiempo, estás contento. Cierras la puerta sigilosamente, y esperas en la parada de autobús. Sabes que no aparecerá ninguno hasta el amanecer, pero eso no te importa: esta noche, dejaste de ser honesto.